viernes, 7 de septiembre de 2007

Responsabilidades

Bueno aquí os dejo la continuación, espero que la leáis despacio, porque la inspiración se me ha agotado por un tiempo, así que Sandra... ¡No me estreses! :P




Me despierto con el sonido de alguien tocando a la puerta, oigo los pasos de mi padre corriendo hacia la entrada y la voz de alguien que no consigo identificar, aún estoy medio dormida, y mis sentidos están un poco torpes todavía. Me levanto lentamente, despidiéndome sin ganas del calorcito que desprende mi cama y saludando al frío que parece haberse instalado en el pueblo. Me doy una ducha rápida que no termina de despertarme, y voy a la cocina suplicando por un buen desayuno. Papá ya está allí preparándome la sorpresa. En cuanto entro por la puerta me estruja entre sus brazos hasta dejarme sin respiración, todos los años hace lo mismo, y sin embargo nunca soy capaz de evitarlo.
-Feliz cumpleaños cariño, es increíble que ya tengas cartorce años.

En realidad cumplo quince, pero no hay por qué amargarle el momento.

-No es gran cosa, pero espero que te guste- a puesto la tarta en la mesa y me mira esperando a que reaccione- Es de chocolate, como a ti te gusta.

Finjo abrir los ojos sorprendida y abrazo corriendo a mi padre, vale la pena actuar un poco por ver su cara de alegría.
-Vaya Papá debe de haberte costado un montón hacerla, muchas gracias.
-No ha sido nada, te lo mereces.
Desayunamos tarta de chocolate y charlamos de cualquier tontería, como de lo marrones que se están poniendo las hojas de los árboles o de lo poco que falta para que comience de nuevo el colegio. Finalmente ambos acabamos llenos, así que lavamos los platos y guardo los restos de la tarta, que seguramente atacaré esta noche.

-Por cierto Silvia, la abuela se pasó antes por aquí, cuando estabas dormida- "la abuela" en realidad no es mi abuela, si no la de mi padre, pero como todo el mundo la llama así, mi abuela a tenido que conformarse con que la llame Inés- Ya sabes que le hemos estado aconsejando que se tome unas vacaciones, Dios sabe que ella ya no está para estos trotes, así que me ha pedido que te pregunte si puedes ocuparte tú de la taberna.

Sé perfectamente que la petición es mera formalidad, y que no me queda otra opción que aceptar. Me gusta estar en la taberna, y en realidad llevo todo el verano trabajando allí, pero la idea de quedarme yo como responsable de todo me asusta.

-Mateo te ayudará, en realidad no tendrás que hacer mucho más de lo que ya haces, simplemente, pasarte por allí de vez en cuando para ver como marcha todo. Sabes que lo haría yo, pero por alguna razón la abuela se fía más de ti.

Yo sí sé por qué, Papá suele olvidarse de las cosas y es muy poco cuidadoso. No creo que se le diese muy bien trabajar en la taberna, y además, la abuela no se lo permitiría, aún no lo ha perdonado por haber construido un bar a sabiendas de que eso lo convertiría en la competencia. Papá es cocinero, y bastante bueno, todo sea dicho de paso (aunque las tartas no son su especialidad, precisamente) pero cuando la abuela le propuso que trabajase en la taberna dejó muy claro que sería ella la que mandase,así que Papá se largó, y montó su propio negocio. Al principio el hecho de que yo quisiese trabajar creó un poco de tensión, todo el mundo parecía estar pendiente de mi decisión, yo misma acabé agobiada por el hecho de que quizás si trabajaba con Papá la abuela se enfadase también conmigo, sin embargo mi padre me dijo que lo mejor sería que fuese a la taberna, que él ya sabía que yo lo quería, pero que su abuela era algo más subceptible. Así que ahora soy la niña de la abuela, y lo peor que te puede pasar es que la abuela se preocupe por ti, está convencida de que las chicas de ahora son muy poco trabajadoras, así que me ha tenido todo el verano corriendo de un lado y haciéndome trabajar como una mula, para como dice ella "dar ejemplo".

-Claro, me ocuparé un tiempo de la taberna, pero cuando empiece el colegio no podré seguir trabajando, y sólo podré pasarme un rato por allí.

-Claro que sí, nadie te pide más- ya verás como la abuela sí lo hace- Ahora corre le dije que irías a la taberna a contestarle.

Salgo de casa bien abrigada, el tiempo no parece tener intención de cambiar, así que me veo obligada a ser yo quien cambie. Me impongo un chaquetón y voy directa a la taberna. Por la mañana está bastante vacía, y no me cuesta ver a la abuela tras la barra sacándole brillo a un vaso ya reluciente. Se gira hacia mi en cuanto me ve entrar, parece estar esperando la respuesta desde hace rato, desde luego no me sorprende, es la persona con menos paciencia que conozco.

-Hola abuela, Papá me dijo que habías pasado por casa. Ya me lo ha contado todo , y me ha mandado a decirte que por supuesto que cuidaré de la taberna.

-¿Te ha mandado a decírmelo o lo has decidido tú?- frunce el ceño con suspicacia, parece sospechar de que mi padre me ha obligado a ocuparme de la taberna, (en su mente) por alguna mala razón.

-Lo he decidido yo, abuela, me encanta trabajar aquí- aunque sea perjudicial para la salud.

-Bien, en ese caso me voy más tranquila- sonríe complacida, le he dicho lo que ella quería oír- Por cierto deberías conocer a alguien, acaba de llegar al pueblo, y en teoría yo tendría que ser la que se ocupase de él, pero como al parecer todo el mundo se ha empeñado en que me tome unas vacaciones, tendrás que cuidarlo tú.

«Genial, encima de explotarme en la taberna, voy a tener que hacer de niñera»

La abuela se acerca a las escaleras que llevan al segundo piso donde está su casa, y asomándose hacia arriba llama al que al parecer va a ser mi responsabilidad por un tiempo.

-¡Julio, baja. Tienes que conocer a alguien!

Bajo la mirada hacia el suelo abatida, puedo imaginarme perfectamente como van a ser las próxima semanas: agotadoras, agobiantes y muy, muy aburridas. Oigo unos pasos bajar por la escalera, el fin de la poca tranquilidad que tengo se está acercando.

-Mira Silvia, este es Julio, tendrás que cuidar de él mientras yo no esté.

Levanto la mirada del suelo esperando ver al niño que tengo que cuidar (y que con la suerte que tengo seguramente será un malcriado), sin embargo el chico que tengo delante, no es precisamente un niño. Debe de tener más o menos mi edad, debe de medir un metro ochenta, lo cual a mi lado lo hace parecer un gigante, está muy moreno y unos grandes ojos negros iluminan su cara dándole un toque travieso.
-Hola Silvia, me alegro de conocerte, tu abuela me ha hablado mucho de ti, pero supongo que ya nos iremos conociendo, tengo entendido que estoy a tu cargo- me sonríe y yo no puedo hacer otra cosa que seguir mirándolo como una tonta.

Continuará...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡¡Hola!! Jaja bueno menos mal que lo has colgado.No he encontrado nada que te delatara una falta una tilde, jaja pero no soy la indicada para decirlo. Me impacto Julio cuando dijiste que no era un niño yo pense en un perro pero no pensaba que fuera un muchacho. Esta muy bien ^^.
Me despido.

Sandra

Cazadora de estrellas dijo...

¡Hola! Desde luego Sandra, viniendo de tí no me extraña que no hayas encontrado ningún error (Laura, no estoy diciendo que los suelas cometer), pero bueno, ya para corregir estoy yo, que he encontrado dos errores.
1: "-No es gran cosa, pero espero que te guste- a puesto..." te comiste la "h" del "ha puesto".
2: "...sin embargo mi padre me dijo que lo mejor sería que fuese a la taberna, que él ya sabía que yo lo quería, pero que su abuela era algo más subceptible." Se dice "susceptible" ^.^
Esos son los dos únicos errores que he encontrado. Respecto a lo que dijo Sandra de que pensó que Julio era un perro, con todo respeto me parece que su comentario es bastante exagerado. Que sepas que yo entendí lo que querías expresar a la primera (hombre, viniendo de Sandra... xD)
Me está gustando mucho.
¡Continúa!

*Cazadora de estrellas*