
No veo nada, estoy ciego, ante mí sólo encuentro oscuridad, sólo tinieblas… Estoy ciego, pero no ha sido la luz lo que me ha cegado, ha sido el dolor, la rabia, la tristeza, la amargura de sentirme sólo… No hay nada cálido a mi alrededor, simplemente el frío que invade todo mi cuerpo desde hace ya tanto tiempo… He caído al suelo y me temo que ya no tengo fuerzas para levantarme. Me pregunto qué pasaría si me rindo, qué pasaría si decidiese dejarlo todo y marcharme, ¿me echaría alguien de menos? ¿Se preguntarían qué fue de mí? ¿Llorarían mi ausencia de igual forma que yo lloro ahora por sentirme muerto? Quién sabe… tal vez sí. Lástima que no vaya a ocurrir, sigo siendo demasiado cobarde, tanto como antes, tanto como aquel día…
Cuando estás solo, cuando no tienes a nadie, cuando estás desesperado y no sabes qué hacer, es entonces cuando una sensación fría y horrible te recorre el cuerpo y hace que te sientas lo suficientemente miserable que serías capaz de vender tu alma al demonio. Y si es justo entonces cuando mueres, cuando un accidente de coche acaba con tu vida y debes elegir… ¿qué haces?
La pregunta que tuve que hacerme hace dos años, la misma que me atormenta cada día. Me moría, me alejaba de todo lo que conocía, y me dieron a elegir, podía irme, marchar con mis padres que ya habían decidido ir “a un lugar mejor”, o podía quedarme, vivir una vida prestada, un tiempo regalado, seguir viviendo, pero estando muerto. Y es que como ya he dicho, cuando te sientas atrapado, solo y sabiendo que nadie más va ayudarte empiezas a plantearte cosas, cosas de las que más tarde te arrepientes.
Aquel horrible día lleno de sangre y dolor se convirtió en un nuevo principio para mí, una nueva oportunidad de vivir. Y la acepté, decidí no dejarla pasar, aprovecharme de lo que aquel túnel de oscuridad podía darme. Pero ahora… tirado en la nieve, muerto por dentro, vacío y sin alma siento que esta carcasa a la que llamo cuerpo está volviendo a dejar de responderme, de nuevo he recaído, de nuevo vuelvo a la oscuridad. Gradualmente vuelvo a recuperar la visión, poco a poco y lentamente, viendo todo borroso y sin forma coherente. Tal vez haya pasado por hoy, tal vez… un ruido. Giro la vista tan rápido como mi estado me lo permite y la veo, Silvia. Ella mi mira entre pena y terror, veo en sus ojos el rechazo, el dolor, la angustia… el miedo. Y no puedo soportarlo, vuelvo a quedar ciego y caigo en el profundo agujero de oscuridad que es mi alma. Lo último que veo antes de perder por completo el control es a mi única amiga correr, huir de mí, o al menos de en lo que me he convertido.
Continuará...
Por favor comentad T.T

